El piano de Bill Evans ha sido para mí el hilo conductor para llegar hasta Miles Davis, John Coltrane, Charlie Parker, Dizzy Gillespie, Thelonious Monk, Oscar Peterson, y ya más cercanos a nuestra era, Ornette Coleman, Ron Carter o Pat Metheny. En este blog quiero reflejar estos descubrimientos y observar la evolución del jazz hasta nuestros días. En el camino nos toparemos con músicos tan sorprendentes como intemporales como Scott LaFaro, Art Blakey, Dave Brubeck, Ahmad Jamal, Mulgrew Miller o Gerald Clayton, de quienes merece la pena conocer un poco de sus vidas y su música.

El Swing, el bálsamo de La Gran Depresión


Tras el crack del 29 la pobreza asoló a Estados Unidos. La compañía Victor dejó de fabricar fonógrafos sustituyendo éstos por la radio, y en cuanto a la venta de discos, de cien millones de discos vendidos se paso a seis. La música así se extendió gratuitamente por el pais. Instalados en Nueva York, Louis Armstrong y Duke Ellington eran los músicos de Jazz favoritos. En los años 30, mientras la gran depresión americana permanecia arraigada en la vida americana, el Jazz se volvió sumamente popular. El Swing, que nació en el Harlem, seria llamado a popularizarse en toda América con un nuevo estilo sólido interpretado en orquesta e iniciado por Fletcher Henderson con su afamada Big Band en la sala Roseland en Manhattan, que incluía a Joe Smith a la corneta, Don Redman al saxo alto, un joven llamado Coleman Hawkins y el mismísimo Louis Armstrong. Pero el Roseland era una sala de blancos y la sesión continuaba en el Savoy donde se permitía la entrada a todo el público hasta altas horas de la madrugada. La gente necesitaba escapar de la dura realidad y dirigirse al Savoy en el Harlem a bailar y evadirse. Se crearon bailes como el Lindy Hop. Se iniciaba una década brillante para el Swing, cuya rutilante estrella fue Benny Goodman. Toda esta música no habría sido posible sin el apoyo del pianista y mentor de bandas de Jazz John Hammond, descendiente del magnate de los ferrocarriles Cornelius Vanderbilt, ejerciendo de mecenas de grandes músicos como Billy Holiday, y organizando conciertos y emisiones de Jazz por radio. Un enamorado del Jazz. Hamond descubrió a los 26 años al rey del swing, Benny Goodman. Hijo de unos inmigrantes judíos de los barrios bajos de chicago, Goodman fue contratado en 1934 por la radio nacional, para un programa de tres horas titulado “Lets Dance”, con la colaboración de Fletcher Henderson como letrista, donde combinaba rumba, música suave y esa vibrante nueva música llamada Swing.

El programa tuvo vigencia hasta que la companía de galletas Nabisco suprimió el patrocinio. Entónces en el verano de 1935 saltó a la carretera, realizando al principio conciertos en poblaciones mediocres, hasta que llegó en agosto a los Ángeles a El Palomar, que congregó a miles de personas más fieles a “Lets Dance” y deseosas de bailar, por lo que este concierto fue insólitamente todo un exitazo. El Swing era ya la música de América y Goodman su mito. Logró popularizar el Jazz a gran escala. En aquella época se multiplicaron las multitudinarias bandas de Swing, siendo aclamadas por la juventud. Las ventas de trompetas y clarinetes, los instrumentos de Artie Shaw y Benny Goodman, se multiplicaban, e incluso se originó una nueva forma de vestir como los pantalones anchos y las faldas plisadas para hacerlas revolotear al ritmo enloquecido del baile. De alguna manera éste era una forma de rebeldía contra las reglas establecidas, una actitud que más tarde se reproduciría con el Rock&Roll casi calcado. Goodman se unio entónces a Teddy Winson y Lionel Hampton, actuando en formación de cuarteto y cediendo protagonismo a jóvenes músicos. Otra gran banda de Swing de la época fue la del batería Chic Webb. En la primavera de 1937 el clarinetista se aventuró a retar a Webb en lo que se conoció la batalla musical del siglo. 4.000 seguidores acudieron al Savoy a presenciar todo un duelo de big bands, llevándose la palma la banda contrincante de Benny Goodman. John Hammond estaba ya ciertamente cansado del continuismo de Goodman, y una noche del invierno anterior saliendo del hotel Congress donde aquel actuaba, hastiado de la fiesta, se metió en su coche, puso la radio, y sintonizó una emisora pirata de Kansas. Así fue cómo descubriría a un innovador Count Basie, quien abrió un nuevo camino hacia las pequeñas bandas y la interpretación individual del músico de Jazz.

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